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La Ciénaga Grande del Bajo Sinú agoniza

Rafael Padilla

De la Ciénaga Grande del Bajo Sinú en el departamento de Córdoba, se ha dicho todo, se ha escrito todo, se le han hecho todos los estudios de muchas universidades del país y del mundo, pero no se le ha hecho nada positivo para su recuperación, su estado de postración es lamentable.

Por eso en este escrito no haré un estudio más ni diré cosas referidas a la ciénaga, en el día de hoy me referiré a las políticas y acciones gubernamentales, las que deberían propender por su cuidado, iniciaron la destrucción lenta de este espejo de agua natural que fue fuente de sustento de todas las poblaciones aledañas.

En nombre del progreso y el desarrollo de la región se construyó la carretera Cereté – Lorica. ¿Quién puede decir que esta obra no era necesaria? ¿Qué esta obra no impulsó el desarrollo del Bajo Sinú? Negarlo es imposible, la obra era necesaria, pero es aquí donde entra mi crítica: las políticas conservadoras, liberales y neoliberales que se han campeado en nuestro país desde mediados del siglo pasado, jamás tuvieron en cuenta el daño irreparable que le causaban al medio ambiente en la ejecución de esa y muchas otras obras, y no podemos decir que por ignorancia, puesto que nuestros aborígenes nos dieron lecciones de convivencia pacífica con el ambiente por varios siglos, entonces fue el afán por el dinero fácil de los contribuyentes lo que los llevó a efectuar tal desastre natural. La ingeniería nos aporta innumerables soluciones para realizar una carretera sin interrumpir el movimiento natural de las aguas, pero eso resultaba más costoso y disminuía las ganancias o dicho de la manera corriente, disminuía la “tajada” que estos contratos dejan a los gobernantes y contratistas que la ejecutan.

Ese fue el primer golpe certero al corazón de la ciénaga, recientemente construyeron otra carretera que le ha generado y le causará estragos incalculables a la ciénaga con todas sus especies de fauna y flora. Pero este solo es solo el principio, hacía falta un golpe más contundente; en 1968 llega el INCORA, instituto creado mediante la Ley 135 de 1961 en cumplimiento de una política de estado para la solución del uso de la tierra y con sus canales de regadío aceleró el proceso de secamiento de miles de hectáreas que cumplían una función de mitigación y de regulación del flujo de las aguas; lo que resultó mortal para la vida de la ciénaga; un ejemplo de ello es el caño de Aguas Prietas, el cual al ser canalizado y quitarle su sinuosidad produjo un efecto de envase boca abajo, el agua se desplazaba rápidamente y en poco tiempo su cauce quedaba seco y se traía consigo el agua de las ciénagas y humedales que cumplen su función de mitigación, secando miles de hectáreas que hacían parte del complejo y extenso humedal.

Pero el alcance de la esa política no fue dado a conocer ni se conocerá jamás, esas miles de hectáreas desecadas no fueron para uso social de las comunidades que vivían de la ciénaga, fueron para saciar la ambición de terratenientes propios y venidos de otras latitudes que se apropiaron de más de 10.000 Hectáreas con el visto bueno del gobierno, construyendo en verano extensa red de camellones que impidieron el fluir natural de las aguas en temporadas de invierno generando un doble efecto: por un lado las inundaciones de los asentamientos humanos aledaños a la ciénaga y por el otro le quitaron la principal fuente de la economía y de la alimentación de estos conglomerados, acelerando su pauperización a grados muy lamentables y de paso tomaron como suyos las grandes plantaciones forestales del bosque de protección conformadas en su gran mayoría por especies nativas maderables endémicas de la región, llevando a la extinción de muchas de ella y produciendo una deforestación difícil de reconstruir. Estas dos acciones de distintos gobiernos acertaron un golpe mortal en el corazón de la ciénaga, ella hoy agoniza ante la mirada indiferente de quienes la llevaron a este estado de postración, sin que hasta el momento se haya aprobado una ley de protección obligatoria de la Ciénaga grande del Bajo Sinú, y que haga cumplir las sentencias de la Corte para la destrucción de los jarillones construidos por los terratenientes, para devolverle el espacio robado a la ciénaga y que disminuya el grado paulatino de calentamiento de sus aguas mínimamente. rafaelpadillayepes@gmail.com

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Rafael Padilla
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Rafael Padilla

Nacido en Ciénaga de Oro, Córdoba. Docente de Lengua Castellana con especialización en Pedagogía de la Lengua Escrita. Miembro activo de la Red Colombiana Para la Transformación de la Formación docente en Lenguaje, a nivel nacional, departamental y local. Líder del programa de prensa escuela, Prensa, Radio, Televisión y Edición: Paradigma Juvenil promoviendo el periodismo en los estudiantes. Miembro de la Asociación Amigo Ambiental.

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