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Nuevos vientos

Rafael Padilla

Colombia entera se ha embarcado en una propuesta de cambio, opción escogida por más de once millones de colombianos para darle oportunidad de vida a la inmensa mayoría de los habitantes de esta amada tierra, de todos los matices y colores quienes por más de doscientos años sabían de la existencia del  Estado  porque les pasaba por encima con las ejecutorias de sus gobernantes que cada cuatro años con máscaras diferentes, llegaban a las comunidades solicitando el voto prometiendo que ahora sí, que yo si les voy a cumplir y nunca esas promesas fueron cumplidas cual españoles con sus espejos con los aborígenes de estas latitudes.

En todos estos largos años le hicieron creer a la ciudadanía que era culpable de una situación de desigualdad aberrante, facilitando este accionar un ingrediente acuñado a propósito: la barrera de la falta de educación que le ha impedido al pueblo percatarse de la realidad y la verdadera condición a que estaba siendo sometido. Día a día sufrimos el embate de una minoría instaurada en el poder que legislaba para sí, haciendo ver natural sus actos de corrupción con la complicidad y la publicidad de unos medios de comunicación que día a día resonaban al oído de los colombianos para hacer ver el saqueo de las arcas del estado como actos legítimos de gobierno que no podían ser objetados.

En este clima siniestro y de vejación estatal, el gobierno del cambio llegó, no como se hubiera querido, sin ningún tipo de ataduras a los partidos tradicionales, pero como decía el difunto Jaco “algo es carajo”, se están sentando las bases para la implementación de un nuevo orden, así la oposición sin nada que proponer ni opinar seriamente de las ejecutorias del nuevo gobierno, esté buscando al ahogado rio arriba, el normal pataleo de ahogado. Y es que las acciones del gobierno del cambio, aparentemente son muy difíciles de explicar y mucho más de entender, de esto se valen los pocos resentidos que con el poder de los medios de “incomunicación” para atacar al gobierno y confundir al pueblo. Pero la realidad es otra cosa. La realidad es clara y diáfana cuando estas nuevas políticas comienzan a ser vividas.

En la tarde del jueves 22 de septiembre, la comunidad del barrio San Isidro del municipio de Ciénaga de Oro en el departamento de Córdoba, se vio invadida por cantidad de uniformados de la Policía Nacional: policía de infancia y adolescencia, Comunitaria, Ambiental; SIPOL, SIJIN, DIJIN, COPEZ, GAULA y Policía de Vigilancia, en una toma de localidad para mejorar la percepción de seguridad,  con grados Capitán, Tenientes, patrulleros, etc., en fin eran tantos que en la vida del barrio solo se veía cuando se iban a hacer capturas o allanamientos en persecución de algún delito, desplegando su fuerza y su poder de intimidación; pero esta vez no fue así, esta vez vimos un grupo humano que vino directamente de la policía Metropolitana de Montería y de Ciénaga de Oro que ante el natural asombro y recelo de la comunidad llegaron a charlar con las organizaciones de base, Acción Comunal, Asociación de microempresarios trabajadores de la madera, tenderos, motociclistas, con las personas de a pie, etc., a ponerse al servicio de la comunidad, a buscar soluciones conjuntas frente a los problemas de inseguridad, y de defensa de los menores, jóvenes y población vulnerable en general. Esto es un verdadero cambio, así si se genera confianza y se puede trabajar por la construcción de una nueva Colombia en paz; si bien es cierto que todavía son muchos los detractores y resentidos que quedan a ambos lados: de la policía y de la ciudadanía, estas acciones de continuar repitiéndose, terminarán haciéndose costumbre y le darán una nueva cara a relación de nuestra Policía Nacional con la sociedad civil. Los nuevos vientos que soplan están centrados en el pueblo, prometen reconciliación, armonía y dignidad; como ciudadanos de bien estamos en la obligación de aportar para la construcción de un nuevo orden, de un presente que se proyecte al futuro lleno de esperanza, de seguridad humana, de volver a creer en nuestras instituciones y que nos permitan “VIVIR SABROSO”. rafaelpadillayepes@gmail.com

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Rafael Padilla
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Rafael Padilla

Nacido en Ciénaga de Oro, Córdoba. Docente de Lengua Castellana con especialización en Pedagogía de la Lengua Escrita. Miembro activo de la Red Colombiana Para la Transformación de la Formación docente en Lenguaje, a nivel nacional, departamental y local. Líder del programa de prensa escuela, Prensa, Radio, Televisión y Edición: Paradigma Juvenil promoviendo el periodismo en los estudiantes. Miembro de la Asociación Amigo Ambiental.

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